El Inicio de un viaje

Para mí, lo es. Tanto porque este es el primer post que publico en mi blog personal, como porque hoy estoy a tres días de publicar lo que será mi primer libro. Nunca me he considerado un escritor, pero el resultado final me dejó satisfecho y agradecido a las muchas personas que hicieron posible esta empresa. Queda una multitud de retos por superar, pero el primer paso ya fue dado, y moverse hacia atrás ya no es posible. Si mucho, tal vez pueda encontrar el impulso a detener el tiempo como lo hizo Gregorio. Aún siento que eso fue un hecho histórico, y peso la posibilidad de lograr tal faena algún día. Pero la historia está escrita, en ambos sentidos de la palabra.

Como sentido ambiguo de la expresión, ha sido también la conclusión de un viaje. El proceso que dio inicio hace tal vez más de dos años ha concluido con este inicio. La trayectoria desde la concepción de una idea, luego de haber convivido con una legión de antigüeños por años, escuchado sus historias y sus memorias. La labor de investigación y la compaginación de los hechos con los rumores, la documentación de lugares visitados, monumentos recorridos, bibliotecas y personajes consultados, todo vino a converger en la historia que presumiblemente está en tu poder el día de hoy. De no ser así, te invito a que pruebes leerla.

Un camino empedrado que conduce hasta la iglesia El Calvario, en Antigua Guatemala.
El viaje inicia aquí, luego que también terminó aquí.

Mi Motivación

Vivir en la Antigua no es lo mismo que visitarla. Fui turista local por cuarenta años, y hasta hoy, siete años después de convertirme en residente, puedo decir que finalmente conozco los nombres de las calles, los monumentos, iglesias y la ubicación de sus puntos cardinales. Más o menos. Así de desubicado estuve por décadas. No obstante, el considerarme parte de su vecindario también me ha abierto los ojos a los problemas que son afines a todos los focos metropolitanos. Sí, esta ciudad se ha convertido ya en una metrópoli, aunque lucha incansablemente por permanecer como un pueblecito atrapado en su historia. Pero los constantes atascos de tráfico, sus congestionadas calles durante los fines de semana, y sus problemas que suman demasiados para ser alistados en esta composición, son el recordatorio permanente que la ‘ciudad colonial’ ha crecido.

Y ahí van las comillas: “La ciudad colonial”. Es el nombre con el que se le conoce a la Antigua Guatemala. Sin embargo, tengo la sensación que para muchos, la Antigua es solamente un trasfondo, el diseño de interiores del lugar que realmente visitan. Venir a pasarla bien el fin de semana, a una fiesta o a caminar un rato. Para algunos eso significa pasar a comer a uno de sus famosos restaurantes, comer un helado en una banca del parque si logra agenciarse de una disponible, salir de regreso a la capital pasando primero a llevarse una caja de dulces típicos, y así sucesivamente. Fue mi rutina por décadas, ya lo dije. Pero la sensación a la que me refiero es que hoy día se ha ido perdiendo la conciencia de qué es lo que hace “colonial” a la Antigua.

Y por eso escribí esa historia. Para procurar que el lector se introduzca por medio de su imaginación asistida, al viejo pasado de hace casi 250 años atrás. Cuando la ciudad tenía otro nombre y las ruinas que adornan el paso de vehículos y peatones eran la base de hermosas edificaciones que formaban parte de un paisaje completamente diferente al que vemos hoy. Con otras personas a su alrededor, con otros colores, con otro ritmo.

Así es, querido(a) lector(a). Luego de agradecerle por permitirme los minutos valiosos de su tiempo que me ha concedido al leer esta introducción, le anticipo que “Mientras El Tiempo Se Detenga”, si es de su agrado, le permitirá abrir los ojos hacia una dimensión que no conocía: su pasado. El que está disponible mediante la lectura de múltiples ensayos, libros, cronologías y recuerdos. Pero a la que le faltaba esa pizca del condimento necesario para apreciarla como lo que realmente es: una ciudad singular, testimonio de un glorioso pasado que definió en su momento el rumbo que nos condujo hasta aquí.



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